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Opinión
 

 

La paz o el caos
 

Francisco Rodríguez

Martes, 27 de Julio de 2010

Un alto al fuego, alivio del sufrimiento de la población, o más propiciamente, el cese de hostilidades ante civiles, en el País, Estado y nuestra querida Ciudad Juárez, debe precipitar el fin de la guerra y salvar a México del colapso, del caos de los últimos tres años de Gobierno federal.
El gabinete de guerra de los Estados Unidos, escribe Ricardo Rocha, se quedó asombrado por los miles de muertos inocentes, familias enteras víctimas del fuego cruzado, por los agentes, soldados y policías en las nóminas del narco, asombrados por que nadie les pudo decir nada de los jóvenes de Salvárcar, de los muertos del Consulado o de los jóvenes del Tec.
Los tres niveles de gobierno en Monterrey, Nuevo León, denuncia Rocha, son una “Síntesis del caos”. Brutalidad, irracionalidad y violencia, en lugar de inteligencia, de seguimiento por ejemplo a las rutas del dinero, el desenmascaramiento de los corruptos, la aprehensión de los capos de a de veras y el financiamiento a los grandes cárteles.
Aun con ese caos “estratégico”, ante ese río revuelto de la “guerra”, la paz es posible.
Mientras no se inicie un Proceso de Paz, el futuro inmediato del País seguirá siendo incierto y su situación cada vez más crítica.
El desenlace o la conclusión de este tipo de “guerra” solamente pueden lograrse con la combinación de factores políticos, militares y, es su caso,   diplomáticos.
Es fundamental el impulso de una solución, en la que se hagan todos los esfuerzos para introducir en la agenda política ese Proceso de Paz.
Es decisivo vencer la “guerra” y alcanzar la paz. Para vencer la inestabilidad política e institucional, la anarquía que en medio de las dificultades económicas y materiales ha surgido por la polarización tan aguda en la reyerta de todos los días, por la falta de integración de las esferas del poder del País desde una visión estratégica consensuada con un alto espíritu patriótico.
No podemos permitir que el gobierno de la República siga manteniendo el caos como estrategia, que puede implicar hasta una invasión y una ocupación militar del País, por los Estados Unidos, con el “propósito” de proteger a México y evitar que contamine a su país con la violencia Mexicana sin control.
El gobierno sigue usando el caos y la violencia para justificar su “guerra”. Pero con ello México se ha convertido en un estado “fallido”, quebrado de forma predeterminada.
La gente está harta de que se estén gastando millones en esa “guerra” y está cansada de observar, cómo soldados y policías, se la han pasado dando vueltas por todas partes  en sus vehículos y apuntándole con sus fusiles… Una fuerza cuya misión es someter al país.
La instrumentación de un “estado de caos”, puede verse con la también premeditada descoordinación de la Operación Coordinada Chihuahua, producto de un objetivo, el perverso objetivo del caos y la violencia cotidiana para justificar esa “guerra”.
La situación es dramática. ¿Tomarán las bandas criminales el control del caos mexicano? ¿Seguirán los tiros y las ráfagas omnipresentes, de día y de noche con bandas armadas adueñándose de las calles?
Hay en el Gobierno federal una intención deliberada de provocar ese estado de caos y violencia que hemos padecido hasta el momento. Hay también sobradas evidencias de una negligencia monstruosa y criminal por los políticos desquiciados con esa “guerra” hacia el sufrimiento, el temor, el terror y la muerte del pueblo mexicano.
Esa “guerra” no es más que una estrategia macabra del caos, violencia desorden y negligencia. Como el caso del coche-bomba en Ciudad Juárez, que es cruento y que cada vez toma dimensiones no imaginadas.
Por eso insistimos en el Alto al Fuego. Una señal de buena voluntad. Una tregua temporal que permita una atención hacia la población civil. En el ámbito de lo político, significa una medida destinada a crear un ambiente propicio para el Proceso de Paz.
Ciertamente,  la realidad también demuestra que la discusión sobre la conveniencia y las condiciones de un Alto al Fuego, las dificultades en la verificación de su cumplimento, o la facilidad con que se viola, pueden llegar a bloquear el tratamiento de las razones de fondo.
Los conceptos de “tregua”, “cese de hostilidades”, “cese al fuego”, “armisticio”, etc., se usan a menudo indistintamente y las malas interpretaciones sobre el significado de esos términos, son una de las principales causas del retorno a la violencia.
De acuerdo con investigaciones, la mayoría de los casos necesitan de la verificación de una tercera parte, quien generalmente es actor internacional. La ONU tiene desplegadas fuerzas de mantenimiento de la paz en 15 contextos: 6 en África, 3 en Europa, 3 en Oriente Medio, 2 en Asia y 1 en América. Hay otros actores que realizan la función de fuerza de interposición. El Consejo de Seguridad de la ONU ha dictado resoluciones en menos del 25% de los conflictos armados actuales.
El objetivo principal del “Alto al Fuego” debe ser el alivio del sufrimiento de la población civil, lo que puede conducir al nuevo concepto propuesto: El cese de hostilidades sobre civiles.
En la mayoría de los Procesos de Paz, sin embargo, aparecen grupos de interés opuestos al avance de los mismos, que se convierten en saboteadores. En México ese tipo de esquiroles conocidos internacionalmente como “spoilers” los reconoce el pueblo. El Pueblo se los demandará.



 

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