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Al frente, Ciudad Juárez, donde a diario hay ejecuciones; al fondo, El Paso, a donde muchos juarenses prefieren irse a vivir/Archivo

La violencia le cambia la vida a siete de cada 10
 

Considera 62.3% de ciudadanos las calles como ‘nada seguras’

Rocío Gallegos

Miércoles, 28 de Julio de 2010

Ciudad Juárez, Chih.- Para poder andar en la calle, Eneida se vio obligada a extremar la protección de su persona, mandó polarizar su carro para que no vean que anda sola, dejó de hablar con desconocidos y dice que limitó sus salidas por la noche.

Ella no es la única persona que ha modificado su rutina por causa de la violencia que se intensificó en las calles de la ciudad; los juarenses aseguran sentirse con miedo e inseguros hasta en su casa, por lo que muchos incluso cambiaron de vivienda o su residencia.

Lo anterior quedó documentado en el resultado de una encuesta de percepción ciudadana realizada por el Observatorio de Seguridad y Convivencia Ciudadanas, revelada recientemente, donde siete de cada 10 juarenses expusieron que han modificado su vida cotidiana y expresaron que dejaron de salir principalmente durante las noches.

Las conclusiones de este ejercicio indican que los residentes de esta frontera reportaron la sensación de que la inseguridad se ha incrementado conforme anochece, por lo que el Observatorio, creado por el Municipio, la Organización Panamericana de la Salud y la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, consideró urgente la toma de medidas que garanticen la vigilancia efectiva en esos horarios.

Apenas el lunes, el gobernador José Reyes Baeza pidió a las personas extremar precauciones y cambiar sus rutinas ante el amago de matar inocentes que lanzó uno de los grupos delictivos que se disputan la plaza.

Entre las cosas que recomendó a la ciudadanía fue resguardarse en los hogares después de culminar la jornada de trabajo.

“Nos dicen que no salgamos de noche, pero los asesinatos y la inseguridad no tienen hora, lo mismo se dan en el día que durante la noche”, dice un hombre que asegura le teme hasta a los policías.

A su vez, Eneida, quien se desempeña como docente de primaria, describe cómo ha cambiado su estilo de vida en los últimos dos años y medio a consecuencia de la violencia desatada en esta frontera por el crimen organizado.

“Antes uno se preocupaba por cuidar su casa o auto, les reforzaba las medidas de seguridad para evitar un robo, ahora eso sale prácticamente sobrando, ahora debemos cuidar nuestra persona”, afirma la mujer con tono de molestia en su voz porque considera que con el paso del tiempo los ciudadanos se han convertido en rehenes de la inseguridad.

“Nos vimos obligados a modificar nuestros hábitos... a restringir al máximo nuestra libertad para andar por las calles y ahora nos dicen que extrememos más nuestra protección, qué más debemos hacer”, cuestiona en alusión a la recomendación lanzada por el mandatario estatal a los ciudadanos para que extremen sus precauciones ante la violencia.

Nuevas costumbres por causa de la violencia

Otras costumbres adoptadas por la sociedad ante esta guerra del crimen organizado, son que se dejó de dar información por teléfono, aunque muchos ciudadanos optaron por cambiar su número o lo hicieron privado, la mayoría no hablan con desconocidos y los padres de familia casi no permiten salir a sus hijos a las calles.

Además, ahora salen sin llevar dinero en efectivo consigo, evitan andar solos en la calle, dejaron de acudir a lugares y parques públicos, ya no usan joyas.

Muchos cambiaron de domicilio o dejaron la ciudad sobre todo en los dos últimos años, cuando la violencia del crimen organizado, por apoderarse de la plaza, se recrudeció, tiempo en el cual las ejecuciones, secuestros y extorsiones han estado al orden del día.

“Mientras que los ciudadanos nos vemos obligados a modificar nuestros hábitos, las autoridades parece que no hacen nada, porque las cosas empeoran”, asegura Eneida.

Ante la violencia, se adoptaron cambios, la gente modificó su vida, dice Teresa Almada, directora de Casa Promoción Juvenil, una agrupación que realiza trabajo comunitario en colonias del poniente de Juárez, donde se conjuntan los asesinatos y el abandono del Estado.

Comenta que en este contexto los que más padecen la circunstancias son los adolescentes porque sus padres les han restringido sus salidas, “no fácilmente obtienen permisos para andar en la calle” donde sufren amenazas por el simple hecho de estar en grupo.

De hecho, la encuesta del Observatorio muestra que el 62.3 por ciento de los ciudadanos consideró a las calles de la ciudad como nada seguras.

Aunque la zona Centro fue el sector donde reportaron sentirse más expuestos al riesgo de ser víctima de un delito.
 



 

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